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Socialmedializándome 2.0

El secreto de fidelizar

Hace unos quince años me llamó la atención cómo me recibieron en un restaurante al que fui a comer con unos clientes.

Era la segunda vez que iba por allí. Una antigua masía enclavada en el centro de una comarca de Cataluña, totalmente reformada y acondicionada como restaurante al que solían frecuentar empresarios en comidas de negocios.

Al  presentarme en el pequeño mostrador,  pues tenía mesa reservada, introdujeron mi apellido en el ordenador y poco después vino a recogernos el maître. Nos acomodó en nuestras sillas y nos informó de los platos especiales del día, puntualizando que uno de ellos era el mismo que había pedido la vez anterior. Primera sorpresa.

Evidentemente también nos aconsejó con qué vinos podíamos acompañar los platos.

Llegó el momento de los postres y me preguntó si me apetecía el mismo postre que la vez anterior, mousse de chocolate. Segunda sorpresa.

Tal fué mi admiración ante el excelente servicio y, vamos a ser honestos, mi subida de ego ante mis clientes al conseguir parecer que era un habitual del restaurante, que volví otro día con la única intención de entablar una conversación con el propietario del restaurante.

Esta vez me reconocieron sin necesidad de presentarme y siguieron el mismo protocolo de recepción. Cuando el director del restaurante se acercó a mi mesa, le invité a que se sentara conmigo y le felicité por el trato que había recibido desde el primer día.

Me explicó que habían creado una aplicación informática a medida, porque les interesaba mucho poder satisfacer los gustos y necesidades gastronómicas de sus clientes y, sobre todo, querían conocer a sus clientes y poder fidelizarlos.

Tenían una completa ficha de cada uno de sus clientes con un histórico de los platos que habían consumido, vinos, postres, etc.

Cuando traían la cuenta a la mesa, también entregaban un pequeño cuestionario para cumplimentar datos básicos como nombre, teléfono, fecha de nacimiento, platos preferidos, vinos, profesión, etc

Poder llegar a sus clientes no sólo por lo bien que cocinaban, sino porque eran capaces de romper una barrera y llegaban más allá porque conocían sus gustos era difícil, pero lo conseguían.

Uno de sus objetivos era aportar un valor que pocos restaurantes de la época podían aportar, que sus clientes se sintieran únicos cuando fueran a comer a su restaurante.

Hay que tener en cuenta que hace quince años, las aplicaciones informáticas no afinaban tanto en la fidelización de los clientes como lo ellos lo consiguieron.

Ese tipo de marketing no era habitual en el sector, aunque con el paso de los años, cada día es más fácil encontrar empresas que saben de ti como uno mismo.

Una iniciativa tan simple como entregar una ficha y saberla utilizar en beneficio del cliente y del negocio, puede suponer el inicio de un rotundo éxito.

Con las nuevas tecnologías y las Redes Sociales, el límite lo pones tú. ¿Te atreves?

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